Sangre de mi esperanza

El 3 de junio de 2015 marché con mi amiga Victoria. Estábamos medio en trance, entendiendo sin entender. No teníamos dudas, todo se sentía coherente. A su vez, lo obvio debiera ser atemporal y evidente, sin embargo, ese día fue un inicio.

Miramos mucho los carteles, lo que se elegía expresar mediante la palabra y el arte. Dijimos que había que hacer algo con eso. Un tiempo después me llegó la convocatoria de Proyecto NUM. Estaban recuperando textos, carteles y obras que habían surgido en ese primer #NiUnaMenos. Mandé un texto inspirado por mi primera acción de activismo menstrual, realizada unos días antes junto a Maggacup (ver video).

Aquí lo comparto

 

Salí a la calle, dos veces esa semana. Por cosas distintas y por lo mismo.
Antes de tenerle miedo a los demás, me enseñaron a tenerme miedo a mí (y a las otras
mujeres). Me dijeron que una semana por mes era asquerosa, sucia, loca. Y me lo dijeron
en voz alta, para que lo escucharan bien clarito todas las otras mujeres alrededor. Y por si
los hombres querían tener su propia idea, o preguntarme a mí que sentía, me lo dijeron más
fuerte, así ellos también escuchaban.
Me dijeron que la utopía máxima durante mi menstruación debía ser ponerme un pantalón
blanco y andar en bicicleta. Que si me manchaba no podía sentir otra cosa que vergüenza.
Que si tenía ganas de coger y al hombre al que se lo proponía le daba asco, era la respuesta
más razonable.
También me dijeron algo así como lo contrario. Me abrazaron, me celebraron femenina. Me
enseñaron a manipular mis genitales, me llevaron a un ginecólogo. Mi papá y mi mamá me
contestaron todo lo que quise saber y me dijeron todo lo que creyeron necesario que
supiera.
Elegir entre todo fue un camino, y un privilegio. Salí a la calle por las que ni siquiera se
asoman a esa elección. Quise compartir herramientas. Y quise materializar mis elecciones,
que ocuparan lugar físico, para dejar de estar asustada de mí. De ser una provocación, de
ser asquerosa, de ser sucia, de ser loca.
Ni una menos, ni una más. Ni ninguna otra que no haga todo lo que puede porque su cuerpo
es más un depósito de supuestos que una experiencia.
Que no tengamos miedo de que nos maten ni de estar vivas.