Sí, es posta, la adicción al queso existe.

¿Qué dice la noticia?

Sí, es posta, la adicción al queso existe.

¿Cómo lo supieron?                                                                                                                                                              Un grupo de 504 personas completó la Yale Food Addiction Sacle, una pequeña encuesta que permite determinar si una persona es adicta a alguna comida o no (podés hacerlo acá http://www.drpeeke.com/popquiz.htm). Sorprendiendo a nadie, la pizza salió primera.
Compartiendo el podio, comidas altamente procesadas como papas fritas, chocolate o torta permitieron confirmar que los alimentos con altas dosis de grasas y carbohidratos son los que más nos desvían el comportamiento. El cuerpo absorbe más rápido este tipo de comidas y activa el sistema de recompensa del cerebro, generando bastante dopamina (una hormona que nos hace sentir contentos) exactamente igual que las drogas. Después, obvio, el cerebro nos pide más.


¿En qué avanza el estudio?
La cosa con la pizza es que más allá de los carbohidratos de la masa, tiene queso, y el queso medio que es droga posta. La caseína, una proteína presente en todos los lácteos, en parte se transforma en casomorfina durante la digestión. La casomorfina activa los receptores de opiáceos (sí sí, los que identifican y reciben el opio en el cerebro), que largan dopamina para todos lados y están involucrados en el control del dolor (por eso algunos derivados del opio se usan en drogas de prescripción como analgésicos), las recompensas y, claramente, la adicción.

¿Para qué sirve el estudio?
Si bien es medio raro que alguien flashee con fisurar la tele para comprar una grande de muzza, está bueno saber que el sentimiento de necesidad inmediata es exactamente eso, es físico y real.
Muchas veces pensamos que esta es una necesidad creada por las pautas publicitarias, que siempre son de golosinas y nunca de frutas. Con este tipo de estudio nos damos cuenta que la necesidad de incluir chatarra en nuestra dieta empieza con la primer decisión de consumirla, y que las publicidades rinden porque nuestro cuerpo no nos deja comprar una sola. Lo bueno de ser preso del cuerpo es poder educarlo, si no se come más, eventualmente no se desea más, ya que el cerebro es un órgano plástico; se va modificando a medida que repetimos las acciones para ordenarnos lo que más placer nos cause o nos convenga. A mí por lo menos me hace sentir que hay un escape, y no que porque no controlo los carteles nunca voy a poder comer otra cosa (lo que obvio ni de cerca quiere decir que lo vaya a querer hacer, por ahora soy una personalidad de internet que puede abusar del photoshop y los ángulos favorecedores).

http://www.latimes.com/food/dailydish/la-dd-cheese-addictive-drugs-20151022-story.html

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