Los hombres pueden percibir con cierta precisión la tendencia a la monogamia de una mujer al mirarla.

¿Qué dice la noticia?

Los hombres pueden percibir con cierta precisión la tendencia a la monogamia de una mujer al mirarla.

¿Cómo lo supieron?                                                                                                                                                              El equipo tomó fotos de 34 mujeres de edades y etnias similares, sin maquillaje y con expresiones faciales neutrales. Luego, les hicieron un cuestionario confidencial en el que debían contestar preguntas acerca de las veces que habían tenido relaciones fuera de una pareja con acuerdo monogámico.
A continuación, 43 hombres vieron las fotos. En una primera instancia, las veían de a una y tenían que rankear la “monogamicidad” de la mujer en una escala. Para un segundo experimento, se les presentaron las fotos en 17 pares y debían decir qué mujer les parecía más monógama. La experiencia se repitió luego con otro grupo de hombres.
En ambos grupos, la primera instancia mostró que no había relación entre el ránking y las encuestas realizadas a las mujeres. En cambio, en el experimento comparativo, el primer grupo acertó el 55% de las veces y el segundo el 59%.

¿En qué avanza el estudio?
En 2012, un paper presentó resultados a partir de una investigación basada en experimentos del tipo “ránking” realizados en hombres y mujeres. En las conclusiones se afirmaba que sólo las mujeres habían sido capaces de predecir con cierta precisión la tendencia a la monogamia de los hombres al ver las fotos.
Este estudio retoma la idea y sugiere que los hombres también son capaces de hacerlo, pero sólo en escenarios que plantean una oposición o comparación. Una de las investigadoras señala “cuando las personas comparan estímulos y se los fuerza a tomar una decisión dicotómica pueden aparecer diferencias sutiles en la percepción. Por ejemplo, si tengo que puntuar el atractivo de una serie de hombres al ver sus fotos, seguramente Cris Hemsworth y Bard Pitt obtendrían ambos el puntaje más alto. En cambio, si me hacen elegir uno, podría revelar una preferencia que nunca hubiera sido detectada en un experimento de ránkings”.

¿Para qué sirve?
Bueno, a aquellos heterosexuales que ponderen la monogamia como un valor fundamental a la hora de construir una relación, podría servirles para confiar en sus instintos (aunque los resultados no son muy concluyentes, dado que se acertó en la mitad de los casos).
Por otro lado, algunas cosas de este estudio (más allá de lo heteronormativo) están buenas para ver cuánto la ciencia y los valores morales se condicionan mutuamente. Primero, aún suponiendo que la precisión con la que se puede predecir cuán monógamo será alguien fuera del 100%, estamos asumiendo que un comportamiento pasado se repetirá y eso no tiene por qué ser cierto. Por otro, de alguna manera este tipo de estudios pone a la monogamia en un lugar de positividad que ya no tiene. En algún momento es cierto que este tipo de mecanismos podían conferir una ventaja adaptativa (hombres que se garantizaran que sus genes pasaran de generación y no criar hijos de otros y mujeres que no tuvieran que lidiar con hombres distraídos a la hora de criar hijos porque no podrían proveerles todo por sí mismas), pero eso ya fue.
Habría que preguntarse si los estudios científicos que se basan en una concepción biológica/anatómica del humano nos ayudan a entender algo sobre nosotros o de alguna manera terminan sirviendo a un discurso que termina sosteniendo dinámicas opresivas. Obvio que no desde la teoría conspirativa, sino desde la inclusión del conocimiento científico como una producción ideológica atravesada por la cultura, de la que muchas veces parece estar más allá.

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