Lo contagioso de los bostezos tiene más que ver con la edad que con la empatía, la inteligencia o el momento del día.

¿Qué dice la noticia?

Lo contagioso de los bostezos tiene más que ver con la edad que con la empatía, la inteligencia o el momento del día.

¿Cómo lo supieron?                                                                                                                                                              Se reclutaron 328 voluntarios saludables que completaron un test cognitivo, una encuesta demográfica y un cuestionario que incluía indicadores de empatía, niveles de energía y somnolencia.
Luego los participantes miraron un video de 3 minutos en el que se mostraba gente bostezando y se registró la cantidad de veces que bostezaron.
Algunos fueron más susceptibles al contagio que otros. Algunos no bostezaron ni una vez y otros hasta 15. De los 328, 222 bostezaron por contagio al menos una vez. Al repetir la experiencia varias veces, la cantidad de bostezos fue consistente, lo que demostraría que es una característica bastante estable.
Los investigadores no encontraron conexión entre la cantidad de bostezos y la empatía, la inteligencia o el momento del día. El único factor que mostró cierta conexión con la «contagiosidad» fue la edad. Cuanto mayores fueran los participantes, menos propensos al bostezo. Sin embargo, esta relación sólo pudo explicar el 8% de la variabilidad en la respuesta «bostezal».

¿En qué avanza el estudio?
El contagio del bostezo es un fenómeno bien documentado que ocurre sólo en humanos y chimpancés en respuesta a escuchar, ver o pensar en alguien bostezando. No es lo mismo que un bostezo espontáneo, que se da cuando alguien está aburrido o cansado.
Estudios anteriores habían mostrado cierta correlación entre cuán susceptible se es al contagio del bostezo y la empatía (capacidad de percibir las emociones ajenas), la inteligencia y el momento del día. Para apoyar esto, se demostró que las personas con autismo o esquizofrenia, que de por sí tienen dificultades para las interacciones sociales, bostezan menos en respuesta al bostezo de otros.
Como la variabilidad del contagio del bostezo aún no se logra explicar consistentemente, los investigadores quieren ver si la clave está en los genes.


¿Para qué sirve?
La idea detrás de lograr caracterizar la variabilidad en el contagio del bostezo es lograr tener un mejor entendimiento de enfermedades como el autismo o la esquizofrenia, además del funcionamiento humano en general. Si se encontrara una variante genética que hace a las personas menos propensas al contagio de los bostezos, probablemente las personas con estas patologías psiquiátricas tendrían esta misma variante y podrían tratarse desde esa perspectiva. Incluso si no se encontrara relación, un mejor entendimiento de la biología del proceso podría darnos las claves de los caminos que recorren estos estímulos en el cerebro de los pacientes.

https://www.sciencedaily.com/releases/2014/03/140314211843.htm