Entre la gente que se ríe de cualquier cosa y la que vive con cara de poker hay diferencias genéticas que los predisponen a una u otra cosa.

¿Qué dice la noticia?

Entre la gente que se ríe de cualquier cosa y la que vive con cara de poker hay diferencias genéticas que los predisponen a una u otra cosa.

¿Cómo lo supieron?                                                                                                                                                                        El equipo analizó los datos de los videos grabados durante tres experimentos: uno en el que los participantes leían historietas, otro en el que veían fragmentos de una comedia absurda y un tercero en el que parejas casadas hablaban acerca de un desacuerdo.
Al analizar los experimentos, se buscaba distinguir las risas diplomáticas o falsas de las reales (en las reales los ojos se achinan de una manera diferente). Luego, se cruzaba esta información con la obtenida a partir de una muestra de saliva, y se buscaba el gen 5HTTLPR, que estudios anteriores habían relacionado con la depresión. Resultó que las personas con el gen en versión corta coincidían con los que se reían más.


¿En qué avanza el estudio?
El 5HTTLPR se descubrió buscando los mecanismos naturales del cuerpo para llevar serotonina (que regula el estado de ánimo, el apetito y el deseo) de un lado a otro del cerebro. Algunas células cerebrales se comunican liberándola en el espacio intercelular, ahí la serotonina circula hasta que se encuentra con una proteína en la membrana externa de la célula siguiente que la «tira para adentro».
Hace años, se descubrió que los antidepresivos más comunes actuaban sobre los transportadores de serotonina, bloqueándolos (o sea que no circula entre células y corta esa comunicación de una neurona a otra que lleva la data de «estado de ánimo»). El 5HTTLPR determina cuántas copias del transportador hace el cuerpo. Cada persona hereda una copia del gen de cada padre y existen dos versiones: la corta y la larga. Hasta ahora la versión corta estaba ligada a emociones negativas, estrés postraumático y fobias sociales.
Sin embargo 7 de 10 personas tienen al menos una copia del gen corto, lo que sería muy «anti-evolutivo» si tuviera tantas y tan claras consecuencias negativas. Con estos resultados, se puede sugerir que las personas con las dos copias cortas no sólo tienen bajas más bajas, sino altas más altas, algo así como un rango emocional amplificado.
Otros estudios pequeños sugieren que estas personas florecen notablemente en matrimonios positivos y flashean mala onda posta en ambientes emocionalmente hostiles. También tienden a tener más volumen en una región cerebral llamada tálamo, que ayuda a generar emociones.


¿Para qué sirve?
Los genes nos determinan, pero no nos condicionan. Con esta información, tenemos más herramientas para hacer lo mejor que podamos de lo que nos toca.

http://www.livescience.com/51127-genes-affect-laughing-smiling.html

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