Dormir poco nos hace comer más.

¿Qué dice la noticia?

Dormir poco nos hace comer más.

¿Cómo lo supieron?

En este caso, los investigadores se dedicaron a vincular muchísima investigación existente sobre hábitos de sueño, hábitos de alimentación y su relación.
Entre las conclusiones, una de las más importantes parece ser que la falta de sueño (o dormir mal, con interrupciones), afectaría el funcionamiento de la hormona que controla el apetito. Como la falta de sueño aumenta el estrés, se necesitaría más comida para compensar la falta de energía y aumentaría la impulsividad. O sea, terminamos comiendo un montón de mierda que nos tienta.
Además, esta investigación previa muestra que estar mal dormido causa efectos en la homeostasis (el nombre para el equilibrio biológico al que tiende el cuerpo, como temblar si tenemos frío para calentarnos por ejemplo) y en los procesos cognitivos y emocionales. Estos efectos se influencian entre sí, por lo que muy probablemente los hábitos alimenticios se modifiquen.


¿En qué avanza el estudio?
Al examinar a un paciente que concurre con alguna patología relacionada con la comida, casi nunca se analizan sus hábitos de sueño. Este tipo de investigación sugiere que nuestro comportamiento en realidad es uno sólo, que lo que se lleva a cabo es un estilo de vida y no conductas separadas.


¿Para qué sirve?
Tener en cuenta cómo duerme una persona a la hora de hacer intervenciones en su dieta podría dar resultados mucho mejores. Finalmente, parece que lo que se interpone entre mí y la diosa del verano es la noctámbula freelance del invierno.