Ciertos desórdenes emocionales, como la depresión, podrían transmitirse entre madres e hijas

¿Qué dice la noticia?
Ciertos desórdenes emocionales, como la depresión, podrían transmitirse entre madres e hijas.

¿Cómo lo supieron?
El equipo analizó las imágenes obtenidas de las resonancias magnéticas de 35 familias saludables (ningún miembro tenía patologías genéticas o crónicas o había sido diagnosticado con depresión). El estudio analizó voxels (pequeñas unidades de volumen) del sistema corticolímbico del cerebro, que está asociado con la regulación de las emociones y fue vinculado por investigaciones anteriores con la manifestación de síntomas de la depresión. En este análisis se halló que la relación entre el volumen de materia gris de la amígdala, corteza cingulada anterior, corteza prefrontal ventromedial e hipocampo (todas partes del cerebro en el sistema corticolímbico) era mucho más evidente entre madres e hijas respecto a cualquier otro apareamiento familiar (padres e hijos, madres e hijos o padres e hijas).
Si los cerebros en esas áreas se parecen mucho más entre madres e hijas y tienen tanto como se cree que tienen que ver con la depresión y otras patologías, este estudio podría estar dando evidencia de un sistema de transmisión específico entre hembras humanas.

¿En qué avanza el estudio?
Este es el primer estudio en el que se escanea a toda la familia (ambos padres y todos sus hijos) para ver cuán similares son sus conexiones cerebrales en ciertas áreas específicas. Si bien la genética es más complicada de lo que parece en el pizarrón de biología, podemos saber de quién heredamos el color de ojos (lo cual acabaría con la discusión que empezó cuando salí de la cesárea con los únicos ojos claros de la familia, así que si un genetista me está leyendo y se copa mande inbox). Este tipo de estudio pretende sumar evidencia para apoyar las jodas respecto al «carácter podrido del padre»o «terca como el abuelo», poniendo énfasis en que hay un universo prenatal que podría tener que ver con nuestra personalidad y su desarrollo más allá de la crianza (y la posición de los planetas, claro).
A la hora de interpretar los resultados, hay que tomar precauciones. Se analizaron 35 familias saludables, por lo cual no se sabe si los resultados se replican en muestras más grandes o en familias depresivas. Tampoco tomarlo como que es el paso previo a descubrir LA CAUSA de la depresión, ya que es una combinación de varios factores.

¿Para qué sirve?
Los investigadores esperan poder aplicar el diseño experimental para la investigación de otros desórdenes, como el autismo, pero también para entender mejor los sistemas de recompensa del cerebro y habilidades innatas y adquiridas para cuestiones como el lenguaje. Por otro lado, podría tener potencial preventivo para identificar niñas con mayores probabilidades de desarrollar estas enfermedades.
Por ahora, para mí y el resto de los argentinos con exceso de discurso psicoanalítico, servirá para seguir sosteniendo que la culpa de todo la tiene mamá.

https://www.scientificamerican.com/article/like-mother-like-daughter-the-science-says-so-too/